EL TRABAJO COMO ACTIVIDAD ESTRUCTURANTE


Dentro de cada organización del trabajo, cada miembro piensa y analiza las diferentes situaciones que vive, porque dispone de un imaginario individual, dónde se articulan sus deseos inconscientes y las representaciones sociales que posee.

 

Cada trabajador según su trayectoria de formación, educación, su historia,  interpreta, lee y evalúa la realidad, construyendo así la vivencia que tiene de lo cotidiano,  de su rol en lo social, en lo laboral, en lo familiar, etc.

Así mismo la organización del trabajo, a través de su configuración particular (historia, cultura organizacional, posicionamiento en el mercado, etc.), así como por su razón social (banco, empresa, institución educativa) solicita a sus colaboradores, cierto grado de adhesión a un sistema propio de representaciones, de valores que guían la acción de la empresa.
Esta organización mantiene simultáneamente relaciones con su entorno - realidad jurídica, económica, clientes externos, otras organizaciones- atravesado éste por un sistema socio-económico global que fija y sostiene las reglas del juego económico, el “valor” de las personas y de los recursos existentes.

Entendiendo entonces que cada trabajador y el propio colectivo, así como la organización en la cual trabajan se interrelacionan en una modalidad de sistema donde cada elemento interactúa e influye en los otros, regidos en un entorno de reglas y pautas que condicionan de alguna manera esas interrelaciones.

 

Buscando un sentido a nuestra acción…

Cada vez más nos encontramos frente  a la vivencia  por parte del colectivo trabajador de un no sentido, de confusión, de invalidación de los compañeros, de la desaparición de reglas y valores conocidos y re-conocidos al interior de dónde se desarrollaba hasta ése momento la acción colectiva.

 

Entonces nos preguntamos, ¿una pérdida de sentido o un sentido diferente ?

Si entendemos al Trabajo como la actividad humana  que permite a las personas,  ser actor, creador y transformador de su propia realidad, dónde el ser humano además de vivir y servir a través de su trabajo a un bien común, tiene las posibilidades en su labor de crear, expresarse y desarrollarse. Entonces, el trabajo aparece como elemento  base de la realización del ser social; pleno de sentido.

En la realidad actual, la organización del trabajo se encuentra  inmersa en un contexto que la enfrenta a los movimientos del mercado, a las diferentes políticas económicas, a procesos de adquisición y fusión, a la tercerización, y les exige cada vez mas, respuestas inmediatas. Organizaciones que necesitan avanzar en lo tecnológico, en la optimización de sus procesos para no perder en la carrera vertiginosa, su capacidad competitiva.

Contexto en el cual, las medidas económicas han promovido y promueven la expansión del trabajo parcial, temporario, subcontratado, “tercerizado”, vinculados a la “economía informal”.


Este tipo de contexto produce en el trabajador una suerte de  “extrañamiento”, un “no sentido” dónde el producto de su trabajo se ha vuelto ajeno a su productor. Es decir, aquello que debiera convertirse en la finalidad primera del ser social, se deforma, se empobrece, transformándose el proceso de trabajo en un medio de subsistencia.

La fuerza de trabajo se convierte entonces en mercancía, transformando aquello que debería ser una realización, en una mera posibilidad de subsistir.

Esta ruptura efectuada o profundizada entre trabajador y producto, cada vez más  por la descomposición del proceso de trabajo en operaciones parciales, tiende a eliminar las propiedades cualitativas del trabajador.

 

Una organización del trabajo,  que produce y es producida.


Una organización que produce.

Lo traemos desde la perspectiva, donde la organización del trabajo  es productora de subjetividades; en tanto que ella determina una visión del mundo y naturaliza una forma de pensar, de sentir, modelando así los sujetos, que ella misma necesita.
Esto nos muestra la existencia de un nivel de confrontación entre lógicas organizacionales y lógicas individuales.
Según V. De Gaulejac y N. Aubert estas lógicas se expresarían, en el ámbito de la organización, en sus políticas de personal, prácticas de gestión, sistemas ideológicos, etc,  puestos en juego por la misma, actuando de ésta forma en el comportamiento de sus miembros.
En cuánto al nivel de los individuos, todas aquellas lógicas, cómo los diferentes elementos de su historia personal, profesional que a su vez influyen en el grado de adhesión de éstos últimos a la misma; mostrándonos de ésta forma  la interacción existente entre individuo y organización.

Desde esta perspectiva, una vez más, se pone en relieve la impotencia  del trabajador a escapar de la influencia de la organización y la forma en la cual su funcionamiento psíquico es modelado en la interacción psico-organizacional.

 

Una organización producida.

La podemos concebir  a partir del planteamiento de C. Dejours, en cómo disminuir la brecha  que existe entre la Organización prescripta   y la Organización real del trabajo   , a través de la deconstrucción y traducción de la primera  por parte del trabajador. Es decir, cada miembro de la organización dispone de un imaginario individual en el cuál sus deseos y escenarios inconscientes se articulan  con las representaciones sociales.
Siguiendo esta línea de pensamiento, no parece posible pensar al trabajador como un mero ejecutor, restando en el nivel de lo meramente operativo, de ésta manera le estaríamos negando la posibilidad de cristalizar sus intereses, su creatividad, la posibilidad de proyectarse en la tarea que realiza, la posibilidad de reconocerse y ser reconocido.

 

El Reconocimiento no retributivo

Reconocimiento en términos de prueba, es decir, reconocimiento de la realidad que constituye la contribución del sujeto a la organización del Trabajo. Este tipo de reconocimiento encuentra la mayoría de las veces, grandes resistencias en los diferentes niveles jerárquicos, ya que muestra las fallas  de la “organización prescripta”  y la necesidad de las contribuciones hechas por el colectivo trabajador.
Aporte que no es expresado en términos de gratitud la mayoría de las veces.
Si pensamos el reconocimiento desde nuestro lugar de trabajadores pensaremos seguramente en juicios emitidos, en sistemas de evaluación que apuntan a  nuestra tarea cumplida, al producto final. Es decir, sobre el hacer, ejecutar, y no sobre la persona en sí misma.
Pero, por el contrario C. Dejours plantea que…”el reconocimiento de la calidad del trabajo puede inscribirse a nivel de la personalidad del sujeto, en términos de ganancia en el registro de la identidad.”
Es decir, la retribución simbólica que nos brinda el reconocimiento, cobra sentido en relación a las expectativas  que posee cada  trabajador a nivel de la realización de sí mismo.
Tomamos entonces, al  reconocimiento, como factor estructurante de la identidad misma del sujeto; de allí surge quizás, la necesidad de reflexionar acerca de la implicación del sujeto en una organización. La necesidad de mantener determinados vínculos que le devuelven una imagen de sí, que lo inscriben en un registro reconocido a nivel de lo que es la estructura social. Este registro puede presentarse bajo las formas más diferentes; ser empleado, desempleado, estar en  seguro de paro, trabajo informal, red del trueque, etc.
Ello nos muestra que, de alguna forma, estamos inscriptos en un determinado nivel organizativo, que se maneja con una lógica singular, que presenta una identidad  y que está en interacción continua con los aconteceres del contexto.

Y  que ello nos permite, desde nuestro lugar, establecer estrategias individuales y colectivas para dar respuestas al entorno y generar desde allí la posibilidad de concebir una forma de trabajo diferente, que realice el desarrollo de las individualidades y la realización del ser social.
 
Organización Prescripta: Es la organización definida con su estructura organizativa, normas, procedimientos, valores, funciones, etc.


Organización Real: Es la organización  que surge a partir de la vivencia de los trabajadores, “cómo vivo mi rol” dentro de dicha organización y las diferentes interacciones que existen entre los miembros que la conforman.

 

Material aportado para ADESU por:


Ps. Claudia Peña – Psicóloga – Master en Psicología Clínica
Socio-Directora de Equipo Profesional Consultora en Recursos Humanos
Docente de ADM (Asociación de Dirigentes de Marketing)
Para contactarse escribir a : Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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